Tiene claro que en este mundo el tiempo no se detiene y que cada instante cuenta ya sea en la limitada memoria humana o en el inconcluso olvido, como un tiempo sin dueño, muerto y vacío. Y aunque le llame recuerdo o historia nada cambia, igual se va, se esparce difuso en el aire como un suspiro. Todo esto lo sabe, pero no le importa.
Total la vida es eso, un cúmulo de tiempo incierto que empezó a contarse desde el día de su concepción y pese a conocer que es relativamente efímera la vive, asume el tiempo tal como le llegue y lo vuelve tiempo de calidad.
Ese que al irse deja calientito el corazón, ese que conspira con las emociones y va forjando sentimientos que trascienden días, semanas, meses e incluso años. Ese que se hace momentos, que se plasma en papel, ese que se hace voz y palabras, detalles y gestos, abrazos y miradas.
Total la vida es eso, un cúmulo de tiempo incierto que empezó a contarse desde el día de su concepción y pese a conocer que es relativamente efímera la vive, asume el tiempo tal como le llegue y lo vuelve tiempo de calidad.
Ese que al irse deja calientito el corazón, ese que conspira con las emociones y va forjando sentimientos que trascienden días, semanas, meses e incluso años. Ese que se hace momentos, que se plasma en papel, ese que se hace voz y palabras, detalles y gestos, abrazos y miradas.
Ese que le revolotea por la mente y que le alegra el alma.
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