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20 julio 2009

Sueño desvanecido

Amaneció con un inmenso deseo de regalar un abrazo, pero no un abrazo cualquiera, no. Quiere dar un abrazo que empiece con un beso y termine con un suspiro y cuya duración trascienda las barreras del tiempo y así logre congelar el momento volviéndolo único, mientras una lluvia de te quieros refresca el ambiente para que la tierna brisa del reencuentro se haga sentir.

Sigue acostada mirando hacia arriba, perdida en su ilusión, una lágrima le recorre el rostro y en un intento fallido de asomarse a la alegría que dicha fantasía le da a su corazón, termina parando en su almohada.

Los días se desprenden del calendario y las horas huyen del reloj, más de su pluma no brota ningún verso, ni de su alma una canción, ya no se ve su dulce mirada y sus ojos cerrados ocultan la triste decepción de un sueño desvanecido, de un abrazo que nunca se entregó.

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