Es increíble lo que le sucede, ha tratado de negárselo pero conforme pasa el tiempo se le agotan las excusas y los argumentos fallidos de su consciencia para hacerle cambiar de opinión. Nada ha resultado, ni los infalibles métodos que ha practicado toda su vida. ¿Qué pasa esta vez? ¿qué es lo especial que él tiene? Negación, indiferencia y resignación. Entre estas se alternan sus días, no son mayor cosa. Repite una y otra vez las palabras de él, las analiza, las interpreta desde todas las perspectivas posibles y llega a las mismas conclusiones.
Se molesta consigo misma, ¿cómo puede ver tanto en él? no es justo que sea el ejemplar más cercano al ideal y siga así de campante, tan accesible, tan al alcance de cualquiera, tan en todas partes y tan en nada. Le revienta pensar que le divierten las ocurrencias que le dice al mundo, a ese que de vez en cuando mira por debajo del hombro. Vuelve la vista, no requiere de su atención, le tiene sin cuidado si percibe su presencia, pero vuelve a ver nuevamente y el derroche de orgullo que emana de él le hace molestarse aún más. Ella se complica la vida razonando mientras él sigue con su vida.
Él es de esas personas que en un día viven tantas cosas, de esas por las que vale la pena escribir un libro para llevar un poco de locura y alegría al mundo, pues con una palabra, un gesto, una mirada o con un simple saludo cambia días, situaciones y personas, pero solo en su pequeño entorno, en su círculo social, en su pequeño y restringido universo de amistades. Si fuera su amiga o por lo menos conocida, le diría que no desmerite tantas virtudes con esa actitud. Pero no lo es, y como amiga de sí misma, se ve en la obligación de repetirse constantemente que deje de verlo, de observar cómo llega y cómo se va, de buscar la banca cercana donde aunque sea las risas de los que le acompañan es capaz de escuchar... le parece tan patético lo que hace, lo que siente y... ¡Ahhhh!
¡Ya basta! se dice. Ha visto demasiado y ahora no puede dejar de sentir.
Se molesta consigo misma, ¿cómo puede ver tanto en él? no es justo que sea el ejemplar más cercano al ideal y siga así de campante, tan accesible, tan al alcance de cualquiera, tan en todas partes y tan en nada. Le revienta pensar que le divierten las ocurrencias que le dice al mundo, a ese que de vez en cuando mira por debajo del hombro. Vuelve la vista, no requiere de su atención, le tiene sin cuidado si percibe su presencia, pero vuelve a ver nuevamente y el derroche de orgullo que emana de él le hace molestarse aún más. Ella se complica la vida razonando mientras él sigue con su vida.
Él es de esas personas que en un día viven tantas cosas, de esas por las que vale la pena escribir un libro para llevar un poco de locura y alegría al mundo, pues con una palabra, un gesto, una mirada o con un simple saludo cambia días, situaciones y personas, pero solo en su pequeño entorno, en su círculo social, en su pequeño y restringido universo de amistades. Si fuera su amiga o por lo menos conocida, le diría que no desmerite tantas virtudes con esa actitud. Pero no lo es, y como amiga de sí misma, se ve en la obligación de repetirse constantemente que deje de verlo, de observar cómo llega y cómo se va, de buscar la banca cercana donde aunque sea las risas de los que le acompañan es capaz de escuchar... le parece tan patético lo que hace, lo que siente y... ¡Ahhhh!
¡Ya basta! se dice. Ha visto demasiado y ahora no puede dejar de sentir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario