[la realidad en alta velocidad]
La inspiración, el pensamiento vago, como queras llamarle, te llega espontáneamente, no conoce de tiempos, ni de lugares es por eso que cada noche viaja en un microbús, al que llamamos bohemio, porque en él se discuten temáticas tan diversas como las personas que en él se transportan.
Las palabras rebuscadas, técnicas o simplemente esas que emanan del corazón pasando por la cavidad del saber y que culminan en la boca presurosa de quien se atreve (luego de un par de ensayos mentales) a pronunciarlas, son parte del trayecto que lleva a muchos a su hogar.
Luego de una jornada de estudio, a eso de las 8 de la noche, minutos más, minutos menos, yacen en la parada de la Matías, un cúmulo de personalidades, de esencias, de personas, que abordan una unidad de transporte diferente en cada oportunidad, pero que solo por ese día será el micro bohemio, todo esto claro está, en medio de una apretujadera de gente que escasamente encuentra dónde poner sus dos pies y donde quien encuentra asiento merece el título de suertudo.
En el aparatejo vemos, la foto de algún líder político y sus respectivas banderas, uno que otro personaje de caricaturas, los primeros zapatitos del primogénito del motorista, el espejo sucio de la puerta que pende sutilmente cuando el trapo que la sostiene es retirado tras un grito de: LA CHOTA!
Pero.. ¿de qué hablamos? hablamos de la vida o de la ausencia, del sentir general o particular, una que otra discusión existencial y ya a los tiempos de algún amor olvidado que volvió. Y junto, la compañía de la hermana, la amiga o la colega (ya sea la persona o la conciencia misma) que hace de los razonamientos un algo qué compartir o qué refutar.
La gente nos mira, nosotros miramos a la gente y captamos en sus ojos, más allá de su sorpresa, una cierta complicidad, que nos hace sentir que no hablamos locuras, algunos se interesan y hasta ponen atención, otros duermen en su eterno conformismo.
Pero al final todo termina en el punto, (de la 97) donde abandonamos la unidad que se aleja a través de la oscuridad mientras que, nosotras, las "razonadoras" cruzamos la calle y justo en la esquina damos por concluido otro día más y ese gran complejo de ideas encuentra su final en un "nos vemos".
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